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El 60% de la población no confía en las medidas de protección El autentico desafico es conseguir hacer realidad los derechos de las mujeres Para muchas el paso por los juzgados resultó traimático |
Más allá del papel: hacer realidad la protección y la justicia ante la violencia de género Amnistía Internacional Un informe sobre la violencia de género en el ámbito familiar en España Fuente: Revista Amnistía Internacional (nº 73 junio - julio 2005) 1. Introducción
Cuando AI la entrevistó, Teresa (nombre ficticio) llevaba más de nueve meses encerrada en su casa, con las persianas bajadas, por miedo a que las amenazas de su marido se hicieran realidad. Intenta hacerle creer que ha abandonado la ciudad. Su abogada insiste en que le denuncie. Ella está convencida de que si lo hace será peor. Si la quiere matar, lo hará. No confía en las medidas de protección. No es un caso aislado. El 60 por ciento de la población tampoco lo hace. Así lo recoge la encuesta de marzo del 2004 del Centro de Investigaciones Sociológicas. Cuando en diciembre de 2004 fue aprobada en España la Ley Orgánica de medidas de protección integral contra la violencia de género se estaba dando respuesta a un largo proceso impulsado por las organizaciones de mujeres, que reclamaban una acción global para acabar con el maltrato y la violencia de género. AI acogió con satisfacción esta medida, que suponía una mejora de la protección jurídica de los derechos de las mujeres. El auténtico desafío consiste en hacer realidad los derechos de las mujeres, eliminando los obstáculos que las mujeres se encuentran desde que ponen una denuncia. 2. Miedo de denunciar
Durante años la sociedad consideró como una virtud en las mujeres el no acudir a las autoridades para denunciar los abusos en la familia y en las relaciones de pareja. La discreción terminó amordazándolas. Mujeres como Marta (nombre ficticio) revelan la presión de sus familias para que aguanten al lado de sus agresores, alegando razones como "tienes que aguantar, porque Dios lo ha querido" o "en el fondo es buena persona, tienes que aprender a llevarlo [..] Tienes que aprender, cuando beba, a no provocarlo". La nueva ley integral está basada en la denuncia. Sin embargo, el 95 por ciento de las mujeres nunca llega a denunciar. No sólo por la persuasión de su familia. Para Piedad Ochoa, de la asociación de mujeres víctimas Miriadas, el miedo es lo que les impide llegar a denunciar: "El miedo a que en el momento en que tú denuncies provocas una reacción en el agresor que es imprevisible, y que ella supone que es: me mata". Para María Naredo, responsable del área de mujeres de AI España, las mujeres encuentran numerosos obstáculos a lo largo del recorrido: "Desde las mujeres que no salen de su domicilio y rompen la relación violenta, porque no confían en las instituciones, porque no confían en que se les vaya ayudar, se les vaya a dar la protección que necesitan. Hasta las mujeres que se plantean acudir a un centro de emergencia, a una casa refugio y están viendo cómo su libertad y sus decisiones más personales no están siendo atendidas por las profesionales que las están llevando en esas casas". 3. Personal poco preparado
A través de la Ley Orgánica de medidas de protección integral contra la violencia de género, por primera vez se reconoce que "todas las mujeres víctimas de violencia de género con independencia de su origen, religión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social tienen garantizados los derechos de esta ley". A pesar de ello, muchos colectivos encuentran obstáculos para acceder a los recursos de ayuda: es el caso de inmigrantes sin papeles, mujeres con enfermedades mentales, portadoras del VIH, alcohólicas y toxicómanas, prostitutas o mujeres con antecedentes policiales. En muchos casos, mujeres con discapacidades físicas o sensoriales no han tenido acceso a los recursos de acogida, simplemente porque no se habían habilitado medios para responder a sus condiciones particulares. AI constata que en la mayoría de los recursos de acogida de todo el Estado se impide la entrada a mujeres que lleven consigo hijos varones mayores de 14 años. Una norma que obliga a muchas mujeres a elegir entre la seguridad y sus hijos. En algunos casos, ante la falta de plazas, se deriva a las mujeres a hostales y pensiones que carecen de medidas de seguridad y de atención a las víctimas. Los albergues para indigentes se convierten en muchos casos en centros de emergencia para mujeres que huyen de sus casas. 4. Falta de información
La respuesta de la justicia muchas veces es frustrante para las mujeres. En el informe de AI se citan sentencias que no tienen en cuenta informes médicos o testimonios de testigos. Una de las sentencias recogidas en el informe absuelve al agresor al no encontrar intención de matar o causar daño a la víctima, a pesar de que lanzó su coche contra ella y sólo se detuvo porque una de las piezas del vehículo se rompió. Otra concluye que el agresor no tenía intención de matar a su mujer e hijos porque "prendió fuego con una botella de gasolina a la puerta del patio y no a la de la entrada principal de la vivienda" y que cuando arrojó alcohol a su esposa lo hizo sólo "para atemorizarla y convencerla de que volviera con él". Al final de todo el proceso, las mujeres no encuentran garantías por parte del Estado para recibir la indemnización y reparación a la que tienen derecho según la normativa internacional. Para María Naredo, "no sólo tienen derecho a una indemnización, sino a una rehabilitación completa que las devuelva al sitio en el que estaban antes de sufrir la violencia".
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