Mujeres en movimiento |
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hay que profundizar en la democracia participativa de la ciudadanía La necesidad de la creación del Consejo Estatal de Mujeres, es fundamental para articular la participación de unas 5.000 asociaciones de mujeres derecho a elaborar nuestras propias estrategias y agendas de necesidades |
Consejo Estatal de la Mujer Paloma González Setién, Presidenta del Consejo de la Mujer de la Comunidad de Madrid Para ser escuchadas por los poderes públicos Los Consejos de participación de las Mujeres: Autonómicos, Locales y Estatal, son cauces de democracia participativa, demandadas por las organizaciones de mujeres desde hace años. Instrumentos para ejercitar la ciudadanía civil, donde las organizaciones de mujeres unimos nuestros esfuerzos para ser escuchadas por los poderes públicos. Tal y como recoge el Dictamen del Consejo Económico y Social Europeo sobre el papel de las Asociaciones de Mujeres en la conversación de la democracia cuando señala: “…Las Asociaciones permiten a los individuos reconocerse en sus convicciones, perseguir activamente sus ideales, cumplir tareas útiles, encontrar su puesto en la sociedad, hacerse oír, ejercer alguna influencia y provocar cambios” “… Al organizarse los/as ciudadanos/ as se dotan de medios mas eficaces para hacer llegar su opinión sobre los diferentes problemas de la sociedad a quien tomas las decisiones políticas” “… Fortalecer las estructuras democráticas en la sociedad revierte en el fortalecimiento de todas las instituciones democráticas y contribuyen a preservar la diversidad cultural” Igualmente la Ley Orgánica del 2002 reguladora del derecho de Asociación aprobada por las Cortes, en su artículo 42 expresa: La interlocución civil, no se puede definir solo desde el poder, que los reconoce, sino que es preciso que también sea definida desde la sociedad civil organizadas. Más adelante la Ley reconoce: “La importancia del fenómeno asociativo como instrumentos de integración en la sociedad y de participación en los asuntos públicos”. La Plataforma de Acción de la Conferencia Mundial de las Mujeres en Pekín, dice en su párrafo 298, ratificada por el Gobierno de España lo siguiente: “Se debe de alentar a las Organizaciones no gubernamentales a que contribuyan a la formulación y aplicación de las estrategias o planes de acción nacionales con sus propios programas para complementar la acción de los Gobiernos”. Con lo expuesto, lo que queremos demostrar es que no es suficiente la democracia representativa, como recoge la Constitución para consolidar la democracia en España (votar cada cuatro años), sino que hay que profundizar en la democracia participativa de la ciudadanía activa y la interlocución, y en ello estamos las mujeres. Es necesario ampliar nuestra participación e incidencia política en las políticas públicas de igualdad aplicando el 4º Plan de Acción de Pekín, y los Dictámenes, Normativas y Acuerdos gubernamentales aprobados por nuestros Gobiernos a nivel nacional e internacional, tal y como recoge la Directiva Europea 2002/73 cuando dice: “Los Estados miembros fomentarán el diálogo con las correspondientes organizaciones no gubernamentales que tenga, con arreglo a las practicas y a las legislaciones nacionales, un interés legítimo en contribuir a la lucha contra la discriminación en razón del sexo en el fin de promover el principio de igualdad de trato” en línea con el artículo 1.47.2 de la Constitución Europea sobre el Principio de Democracia Participativa que dice ”Las instituciones mantendrán un dialogo abierto, transparente y regular con las asociaciones representativas y las sociedad civil”. La necesidad de la creación del Consejo Estatal de Mujeres, recogido en la Ley de Igualdad, se viene reivindicando desde hace años por le movimiento feminista y asociativo de mujeres, como cauce estable de presentación, participación e interlocución directa con el Gobierno, fundamental parar articular la participación de unas 5.000 asociaciones de mujeres (de las que el 92% tienen carácter local y autonómico) para el avance de las Políticas de Igualdad de Oportunidades desde la perspectiva de género. El Consejo Estatal de las Mujeres, como cauce estable de seguimiento de las políticas de igualdad y de la propia Directiva Europea 2002, se basará en lo siguiente: 1.- Su función consultiva y participativa debe concretarse al menos en la consulta previa y seguimiento de Planes de Igualdad, Presupuestos, Subvenciones y Leyes de impacto de género de las políticas específicas y generales. 2.- Su composición ha de ser similar al Consejo de la Juventud: 100% de asociaciones de mujeres (de ámbito estatal y consejos autonómicos de la mujer) representadas por elección democrática de las ONGs de mujeres, no por designación de los gobiernos autonómicos o estatal. 3.- Tendrá personalidad jurídica y financiación públicas y funcionamiento regular. (Recogido en el Manifiesto firmado por cuarenta asociaciones el 7 de marzo) Las organizaciones de mujeres venimos solicitando al Gobierno que se tenga en cuenta nuestras peticiones sobre el modelo de Consejo que necesitamos. Modelo que tenga autonomía para el desarrollo de sus funciones que reclamamos, con posiciones argumentadas en los documentos presentados y en los encuentros y reuniones mantenidas. Pero la creación del Consejo se retrasa una y otra vez. Hasta ahora la interlocución con el Gobierno ha sido no representativa del conjunto del movimiento de mujeres a nivel estatal, el proceso sigue incumpliendo la igualdad de oportunidades para el conjunto de las organizaciones del estado, como se ha puesto en evidencia públicamente por las propias organizaciones. Desde mi reflexión como mujer que lleva militando desde hace muchos años en la política feminista y asociativa, el debate se centra en el modelo de consejo que necesitamos: mientras una mayoría de organizaciones reclamamos un Consejo Estatal como el anteriormente descrito, otra parte del movimiento, reclaman un modelo de Consejo con menor representación del movimiento asociativo de mujeres y de más de las instituciones políticas: Ayuntamiento, Gobiernos autónomos, Gobierno central, etc. Ante esta situación manifestamos; que no se puede suplantar el papel político de las organizaciones de mujeres como la garantía de las aspiraciones políticas, reivindicaciones y derechos que las mujeres venimos luchando por obtener: desde el derecho a elaborar nuestras propias estrategias y agendas de necesidades, hasta nuestros análisis de la sociedad patriarcal en la que vivimos. Es decir, desde la concepción ideológica y política de un movimiento de liberación que pugna por liberarse de la opresión y dominación de género. Nuestra agenda política hace diez años es el 4º Plan de actuación de Pekín en el que el movimiento feminista internacional marcó las directrices y análisis que están perfectamente definidas y que los países se comprometieron a cumplir en diez años. Las respuestas a los compromisos ratificados han sido escasamente cumplidos. Los grandes temas apenas han sido abordados y así se pudo comprobar en la 49 Conferencia Mundial de la Mujer celebrada en Nueva York en el 2005, lo más que se pudo obtener, fue ratificar de nuevo, diez años más tarde, que se cumplieran los acuerdos suscritos, porque los EEUU se opusieron y no pudieron ser aprobados y evaluados las practicas aplicadas y resultados de los gobiernos. Ante esta situación y desde la reflexión para el futuro, debemos de sacar conclusiones sobre nuestra actual práctica política feminista, que nos está alejando de los intereses de las mujeres. De ello hay datos y se reflejan en los estudios elaborados, donde las organizaciones de mujeres estamos muy alejadas de un proyecto de género para nuestros colectivos, que faltan debates y propuestas políticas para dar respuestas a temas como el empleo y la discriminación salarial, trabajo precario, conciliación de la vida personal ... que la violencia de género se está cobrando más víctimas año tras año porque no basta la ley por si sola, sino está acompañada de medidas políticas educativas para la ciudadanía, que las mujeres no pueden salir del infierno de la violencia si no tienen su independencia económica y personal y los recursos necesarios para abordar un futuro esperanzador y poder reponer sus vidas desestructuradas. Que hay que avanzar en la representación directa de las mujeres, en los niveles de influencia para mover los cimientos de desigualdad establecidos y que es necesario reforzar nuestra participación en nuestras propias organizaciones y organismos de influencia y representación, participación e interlocución ante los gobiernos y estructuras del poder, para ir debilitando la estructura patriarcal de una sociedad asentada en una división secular entre hombres y mujeres. Por ello, es necesario que los pequeñas cotas de empoderamiento que a través de tantos años de lucha hemos ido obteniendo mejoren nuestra presencia e incidencia en las políticas públicas de Igualdad entre hombres y mujeres, y los Consejos de las Mujeres son organismos de unidad de las asociaciones de mujeres que reclamamos participación directa, como otros organismos ya lo obtuvieron. |
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