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En España un porcentaje muy reducido de hombres utiliza el tiempo de baja por paternidad que permite la ley (1,5%)

Es necesario cuantificar las sanciones que las políticas empresariales imponen en el uso de los permisos de maternidad/paternidad

En España el nivel de cobertura de las escuelas infantiles financiadas con fondos es reducido (un 2%)

Los trabajadores varones italianos y españoles son los europeos que menos tiempo diario dedican a las labores domesticas

Es la posición de la mujer en la esfera laboral la que le confiere un mayor poder de negociación a la hora de repartir tarieas

La red familiar supone la solución más importante para dos de cada tres casos

Tensiones y estrategias a la hora de conciliar empleo y familia

Lola Morillo, Gabinete Interfederal de la Confederación Sindical de Comisiones Obreras

El informe “La articulación entre el ámbito laboral y familiar en España” analizar por qué las mujeres y los hombres españoles son los ciudadanos de la Europa de los quince que más problemas encuentran para compatibilizar empleo y familia

Fuente: Revista “Trabajadora” (nº 20, Secretaria Confederal de la Mujer de CC.OO.)

En España es común que madres y padres trabajen a tiempo completo y prolonguen su jornada de forma regular. Además la cobertura de los servicios de atención a los menores de tres años y a los mayores es escasa.

Las trabajadoras y trabajadores españoles experimentan problemas para compatibilizar el ámbito laboral y familiar, de acuerdo con la Encuesta Europea de Calidad de Vida elaborada por la Fundación Europea de Dublín. La proporción de hombres (36%) y en especial mujeres (47%) que declaran llegar a casa demasiado cansados del trabajo para realizar labores domésticas constituye la más alta en la Europa de los quince. También las mujeres (21%) y hombres españoles (14%) –junto con los varones británicos (14%)- son los ciudadanos de la Europa de los quince que encuentran mayores dificultades para hacer frente a sus responsabilidades familiares, debido al número de horas que pasan en el trabajo.

En este informe se van a examinar diferentes factores que pueden ayudar a explicar las tensiones que experimentan las familias españolas. En primer lugar, se revisan los datos sobre participación laboral de las parejas españolas y distribución de la jornada laboral. En tercer lugar, intentamos aproximarnos a los indicadores propuestos por la Unión Europea para evaluar las medidas de conciliación (1). Por último, exponemos los problemas que declaran las madres trabajadoras para compatibilizar empleo y familia, así como las estrategias más comunes que utilizan para hacer frente a los mismos.

Empleo y tiempo de trabajo

Entre las parejas españolas el modelo de organización del trabajo remunerado más habitual es aquel en el que ambos miembros trabajan. En 2003, según datos de Eurostat, entre las parejas en las que al menos un miembro trabajaba fuera del hogar, en más de la mitad de los casos (54%) ambos se encontraban realizando un trabajo remunerado. Aunque la cifra está por debajo de la media europea –en este caso referida a la Europa de los veinticinco (66%)- el dato más relevante es que, en los últimos quince años, se ha producido un incremento en la proporción de parejas españolas en las que ambos miembros trabajan fuera del hogar. Este patrón se mantiene incluso cuando las parejas tienen hijos.

En las parejas españolas en las que ambos miembros trabajan fuera del hogar, el tipo de jornada más común es a tiempo completo, incluso cuando hay niños. Lo más habitual es que ambos miembros trabajen más de cuarenta horas a la semana, y esto sucede tanto en hogares con niños como en aquellos sin ellos (2). Un resultado similar aparece en la Encuesta Española de Condiciones de Trabajo de 2003: el 49% de los asalariados y el 41% de las asalariadas prolonga su jornada de forma habitual. La razón fundamental para ello es la excesiva carga de trabajo (74%).

Otra peculiaridad de los horarios españoles es la distribución del tiempo de trabajo remunerado a lo largo del día. La jornada partida es la modalidad más frecuente, tanto en el conjunto de la economía (el 52% de las trabajadoras y trabajadores tienen este tipo de jornada) como entre los tres principales sectores económicos: servicios (46%), construcción (94%) e industria (57%), de acuerdo con los datos de la Encuesta Española de Condiciones de Trabajo.

Si agregamos toda la información presentada en cuanto al tiempo de trabajo, podemos entender por qué en una investigación cualitativa reciente –en la que se analizaba la articulación entre el tiempo de trabajo y otros tiempos sociales— los hombres y las mujeres ponían el acento no tanto en el número de horas trabajadas, sino en su distribución y sobre todo en la hora de salida (3).

El uso de los permisos de conciliación

En España un porcentaje muy reducido de hombres utiliza el tiempo de baja por paternidad que permite la ley (1.5%) –hasta diez semanas que ha de ceder la madre de su propio permiso— , reduce su jornada por motivos familiares (0.1%) o solicita una excedencia para cuidar a un menor (3.6%), según los datos aportados por el Instituto de la Mujer en su página de Internet.

Cabe preguntarse por qué hasta la fecha los hombres apenas han recurrido a los permisos de conciliación. Un artículo reciente –basado en una investigación sociológica cualitativa— señala algunos de los obstáculos que entorpecen el acceso de los padres a las políticas de conciliación en algunas empresas y organizaciones españolas del sector servicios pioneras en esta materia (4). Un primer obstáculo se encuentra en que la mayoría de las empresas no reemplazan a la persona que solicita un permiso o una reducción de jornada, por lo que la persona “ausente” se convierte en una carga para sus compañeros. Un segundo obstáculo se refiere a que la utilización de los permisos de conciliación “puede limitar la trayectoria profesional de los solicitantes e implicar una movilidad laboral descendente”.

En este sentido, los autores diferencian entre dos tipos de medidas de compatibilización: por un lado, está el permiso de paternidad o las horas de lactancia y, por otro, la reducción de jornada y las excedencias para cuidado de familiares. Las menores posibilidades de carrera profesional se relacionan mayoritariamente con los permisos que suponen optar por no dedicarse exclusivamente al mercado laboral, es decir, el segundo tipo de medidas. El tercer obstáculo, la reticencia de las mujeres a ceder parte de su permiso, dejará de serlo con el nuevo permiso intransferible contemplado en el anteproyecto de ley de igualdad.

Los principales obstáculos al uso de los permisos de conciliación se sitúan, por tanto, en las políticas empresariales. Ante esta realidad resulta necesario cuantificar, a través de encuestas oficiales, las sanciones que las empresas imponen en el uso de los permisos de maternidad/paternidad. En las investigaciones sociológicas cualitativas aparecen algunas referencias a las consecuencias negativas que a veces tiene la maternidad en la permanencia de las mujeres en el mercado laboral y en su carrera profesional (5). Pero desconocemos la extensión exacta de dichas penalizaciones, si son diferentes para hombres y mujeres, si varían según la categoría laboral, el tamaño de empresa, el sector de actividad o según el tipo de permiso disfrutado. Tampoco sabemos si se originan en la cúspide de las organizaciones o en los niveles intermedios de gestión.

El cuidado de los otros y el trabajo doméstico

En España el nivel de cobertura de las escuelas infantiles financiadas con fondos públicos es reducido: sólo el 2% de los niños y niñas entre 0 y 2 años obtiene plaza en dichos centros. Para explicar esta baja de tasa de cobertura se ha señalado que en nuestro país no ha habido un interés político prioritario en promover activamente la permanencia de la mujer en el mercado de trabajo y que, por tanto, no se ha considerado necesario desarrollar un extenso sistema de escuelas infantiles de carácter público (6).

Si el sector público dificulta que los progenitores puedan compatibilizar el cuidado de los niños con las obligaciones laborales, la única opción es recurrir a la oferta privada de escuelas infantiles. Al incluir al sector privado, la cobertura de los centros para menores de tres años se incrementa hasta el 10% (7); cifra alejada del objetivo del 33% establecido en la cumbre europea de Barcelona en 2002 para el año 2010.

Estas bajas tasas de cobertura del sector empresarial podrían ser debidas a que la privatización de los costes de las escuelas infantiles reduce las posibilidades femeninas de mantenerse en el mercado de trabajo, sobre todo en las ocupaciones con menor salario. Esto es así porque, en primer lugar, se incrementa el presupuesto familiar que se dedica al pago mensual del centro infantil. En segundo lugar, los costes de este servicio suelen deducirse del sueldo de la mujer, de forma tal que si los ingresos de la mujer no son elevados, se llega a la conclusión “lógica” de que no compensa trabajar (8). Conclusión que se vuelve más “evidente” en el caso de tener más de una niña o niño menor de tres años.

Otro tipo de servicios que contribuye a mejorar el equilibrio entre empleo y familia –y a evitar que las mujeres se vean obligadas a abandonar el mercado laboral— son aquellos dedicados al cuidado de las personas dependientes. En España sólo el 2.8% de las personas mayores de 65 años son atendidas en instituciones, proporción que se reduce al 1% en el caso de las personas mayores que reciben servicios de cuidado a domicilio (9). En este sentido, el reciente acuerdo, entre el ministerio de trabajo y los agentes sociales, en materia de atención a las personas en situación de dependencia va a suponer una mayor protección para estos colectivos.

En relación a la eterna desigualdad en el reparto del trabajo en el ámbito doméstico, algunos datos recientes arrojan algo de luz sobre esta materia.

Por un lado, Eurostat ha publicado datos medios comparativos procedentes de las encuestas nacionales de uso del tiempo, en los que se pone de manifiesto que los trabajadores varones italianos y españoles son, dentro de su género, los europeos que menos tiempo diario dedican a las diferentes labores domésticas: 1 hora y 10 minutos en el primer caso, y 1 hora y 20 minutos en el segundo; frente a las 3 horas y 51 minutos de las trabajadoras italianas y las 3 horas y 29 minutos de las trabajadoras españolas. En el resto de los países analizados –Finlandia, Reino Unido, Noruega, Francia, Alemania, Suecia y Bélgica— la contribución masculina –aunque siempre es inferior a las más de tres horas que dedican las mujeres trabajadoras— se sitúa en torno a las dos horas diarias (10).

Por otro lado, la mayor o menor participación de los hombres españoles en el trabajo del hogar parece estar elacionada fundamentalmente con la edad y con la participación de la mujer en el mercado laboral (11). Entre las jóvenes generaciones aparecen pautas más igualitarias. Pero edad y trabajo remunerado no parecen ser suficientes para garantizar una distribución más equilibrada del trabajo doméstico. El incremento de la responsabilidad doméstica masculina se produce sólo cuando la mujer tiene un empleo con ingresos superiores o similares a los del marido. En otras palabras, es la posición de la mujer en la esfera laboral la que le confiere un mayor poder de negociación en el seno de la pareja.

Problemas y estrategias

Cuando se pregunta a las madres trabajadoras –que viven con al menos un hijo menor de 18 años— cuáles son los principales problemas que encuentran para conciliar empleo y familia responden (12): las enfermedades de los niños (el 37% de las entrevistadas lo señala como primer problema); la falta de coordinación entre los horarios laborales y escolares (24%); las vacaciones escolares (21%); la falta de ayuda de la pareja (6%); y, la distancia entre la casa y el trabajo (6%).

A partir de estos datos cabe afirmar que los problemas más inmediatos de las madres trabajadoras se relacionan con la falta de apoyo de las políticas sociales y empresariales a la atención de las generaciones futuras. En este sentido, los tres primeros problemas citados se pueden agrupar en dos grandes áreas.

Por un lado, la descoordinación entre los horarios y vacaciones escolares, y las jornadas laborales constituye un indicador de la escasa asunción, por parte de las administraciones públicas y de las empresas, de los efectos de la extensión y generalización de las familias en las que ambos cónyuges trabajan.

Por otro lado, en España no se consideran las enfermedades infantiles como un supuesto de baja por enfermedad de los propios niños y como tal asumible por los mecanismos institucionales basados en la solidaridad intergeneracional, como es el caso del sistema de seguridad social. En Alemania, por ejemplo, tanto el padre como la madre tienen derecho, cada uno, a diez días remunerados en concepto de baja de su hijo o hija, veinte días en caso de las familias monoparentales (13).

Ante el panorama descrito ¿qué hacen las parejas españolas para compatibilizar empleo y familia?

Se puede distinguir, adaptando los conceptos de Constanza Tobío, entre estrategias indirectas y estrategias directas. Las estrategias indirectas tienen como finalidad hacer compatible la actividad laboral con la maternidad, pero las mujeres no las reconocen como tales. En este caso se encuentran las referidas a la reducción o el retraso del número de hijos, que “raramente se explicitan como prácticas encaminadas a mantener o facilitar la presencia laboral, sino que más bien se asocian a la pura necesidad de supervivencia económica” (14).

Las mujeres españolas, en el año 2004, tenían una tasa de fecundidad de 1.32. Cifra que constituye una de las más bajas en la Europa de los quince –sólo Grecia presentaba una tasa inferior, 1.29— y que sitúa a nuestro país por debajo de la media de la Europa de los quince (1.52), y muy por debajo de la tasa de reemplazo (2.1). Aunque los datos que ofrece Eurostat se refieren sólo a las mujeres, es necesario recordar algo que, aunque obvio, tiende a pasarse por alto cuando se habla sobre la materia: los hombres también influyen en las tasas de fecundidad.

Por otro lado, las estrategias directas de conciliación –es decir, aquellas reconocidas como tales por las personas afectadas— pueden deducirse de las respuestas que las madres trabajadoras ofrecen a la pregunta de qué les ayuda más a hacer familia y empleo compatibles. Como se observa en la tabla adjunta, el recurso principal con el que cuentan es la ayuda de la abuela materna (27% de las respuestas). En segundo lugar, figura el marido o pareja de las madres trabajadoras (25%).

Si a estas cifras añadimos el 10% de respuestas que indican como ayuda principal a otros parientes, resulta que la red familiar supone la solución más importante para dos de cada tres casos. La ayuda doméstica remunerada es considerada como un recurso importante en el 9% de los casos, mientras que el apoyo de los servicios que ofrece el centro escolar es escaso (1.5% de las respuestas). Las madres trabajadoras mencionan también estrategias relacionados con el espacio (vivir cerca del colegio de los niños) y con el tiempo (tener un horario de trabajo compatible con las responsabilidades familiares).

En definitiva, aunque las familias en las que ambos progenitores trabajan constituyen la norma social en España, las instituciones públicas y las empresas siguen funcionando como si en la mayoría de los hogares hubiera una persona dedicada en exclusiva al cuidado de los otros.

Esta situación genera tensiones que aparecen reflejadas en los distintos estudios citados a lo largo de este artículo. Las familias intentan resolver estos dilemas mediante una serie de estrategias de carácter informal y privado, y entre las que juega un papel fundamental la solidaridad de la generación anterior. Pero este no es un problema individual, sino un problema social que requiere soluciones desde el ámbito público así como la implicación de los agentes sociales.

sumario

(1) Council of European Union (2000:40) Follow-up to the Beijing platform for action on the relationship between family life and working life, Presidency Report, SOC 373, Bruselas, 20 de octubre.

(2) Eurostat, Statistics in focus 4/2005 y 9/2002.

(3) Callejo, J. (2005) “Percepción de cambios en los tiempos sociales”, ponencia de las jornadas Tiempos, Actividades, Sujetos. Una mirada desde la perspectiva de género, organizada en Madrid el 18 de febrero, Escuela de Relaciones Laborales.

(4) Abril Morales, P. y Romero Díaz, A. (2005) “Masculinidad y trabajo. Las empresas con políticas de género y sus consecuencias sobre la masculinidad”, Sociología del Trabajo, número 55, pp. 3-26.

(5) Tobío, C. (2005:107 y ss.) Madres que trabajan, Madrid: Cátedra.

(6) Iglesias de Ussel, J. y Meil Landwerlin, G. (2001:189) La política familiar en España, Madrid: Ariel Sociológica.

(7) Plantenga, J. y Siegel, M. (2004) European childcare strategies, Groningen: Rijksuniversiteit Groningen. Descargable en http://www.childcarei
nachangingworld.nl/
position_paper.html

(8) Tobío, C., Sampedro, R. y Montero, M. (2000:259) La actividad laboral de las mujeres en las periferias madrileñas: discursos y prácticas, Dirección General de la Mujer de la Comunidad de Madrid, Madrid: B.C.O.M.

(9) Council of European Union (2000:33) op. cit.

(10) Eurostat, Statistics in Focus 4/2006.

(11) Tobío, C. (2005:199-206) op. cit.

(12) Tobío, C. (2005:231) op. cit. Los datos de esta encuesta aparecen en la tabla que fi gura en este informe.

(13) Comisión Europea (2003:36) Report from the Comission on the Implementation of Council Directive 96/34/EC of 3rd June 1996 on the framework agreement on parental leave concluded by UNICE, CEEP and the ETUC.

(14) Tobío, C. (2005:145) op. cit.