Sin Fronteras |
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El principal reto de los sistemas de bienestar radica en que los periodos sin un empleo son cada vez más frecuentes y largos (formación,jubilación, etc) Analizar los retos de los sistemas de protección social europeos y sus soluciones, no es posible sin un enfoque de género Fórmulas exitosas en una realidad deben ser adecuadas a cada contexto nacional particular La UE considera que la ciudadanía comunitaria desconoce con frecuencai la riqueza de la normativa que les ampara |
El trabajo de las mujeres y el bienestar social Maribel Rodriguez, Responsable del Programa de Políticas Públicas (CEALCI) de Fundación Carolina Análisis de la contribución de las mujeres a la economía La contribución específica de las mujeres a la generación de bienestar sigue siendo invisible para la gran mayoría de nuestras políticas públicas, a pesar de ser significativa. Sin embargo, y como este breve artículo aspira a ilustrar, el estudio de la realidad social con enfoque de género nos demuestra por una parte, la importancia del aporte de las mujeres a la economía y bienestar social. Pero también nos permite enriquecer nuestro análisis de los retos y de las oportunidades que los sistemas de protección social enfrentan tanto en nuestro continente como en el caso de América Latina. El potencial heurístico del análisis de la contribución de las mujeres a la economía, debido a su importancia y magnitud, debe ser reconocido y aprovechado. Las estadísticas que arrojan organismos de las Naciones Unidas como la CEPAL, UNIFEM, UNPAC o la OIT nos recalcan por una parte la importancia del trabajo de las mujeres en la oferta de servicios sin coste económico, pero esenciales para el tejido social y la creación de capital social. Se estima que el trabajo doméstico representa entre un 30 y un 40% de la riqueza generada a nivel mundial (Sabourin:2000 (1)). Un estudio enmarcado en el proyecto Women in Economy demuestra que el trabajo femenino no remunerado en el caso de Canadá asciende incluso a más de 40% del Producto Interior Bruto (Women in Economy, UNPAC (2)). Por otra parte, la contribución de las mujeres a la creación de riqueza económica contabilizada en las cifras oficiales del PIB, es igualmente significativa, puesto que las mujeres a nivel mundial representan más del 40% de la fuerza laboral formal (OIT: 2004 (3)). Puesto que la actividad de las mujeres cumple una función específica y particularmente relevante tanto para la economía como para la provisión de servicios sociales no monetarizados, es necesario introducir el enfoque de género en nuestro análisis de los retos y oportunidades que encaras los sistemas de protección social. En este sentido, la Fundación Carolina , a través de su Centro de Estudios (CeALCI), ha contribuido a subrayar el interés de dicho enfoque en el estudio y la propuesta de soluciones a los retos enfrentados por los sistemas de bienestar social; a través de una reunión celebrada en mayo de 2006 (4) en Madrid. Este evento ofreció a expertos europeos y de América latina un espacio de reflexión común donde coincidieron en que el principal reto de los sistemas de bienestar radicaba en un progresivo cambio demográfico caracterizado por que los períodos sin ejercer una actividad remunerada son cada vez más largos y frecuentes. Los tiempos dedicados a la formación son paulatinamente más largos, y la población goza de una esperanza de vida cada vez mayor incrementando el número de jubilados y su período de disfrute de la pensión. Mientras que por otra parte, se observa un declive del período “activo” de la población y por lo tanto del tiempo de contribución al sistema de seguros sociales y de la tributación fiscal. Consecuentemente, tanto los países europeos como los de América latina buscan soluciones viables para encarar estos retos y mantener estándares de bienestar y de cohesión social. Los pilares del bienestar como son la educación, la salud y el sistema de pensiones buscan adaptarse a una realidad social compleja, frente a un imperativo siempre presente de competitividad económica. Sin embargo, analizar estos retos de los sistemas de protección social europeos así como reflexionar en posibles soluciones no es posible sin un enfoque de género. Desde la perspectiva de los retos, la progresiva incorporación de las mujeres en el mercado de trabajo ha puesto en evidencia sistemas de cohesión y protección social que se beneficiaban de una estructura patriarcal en la cual muchas mujeres prestaban servicios no monetarizados. Como lo ha recalcado particularmente la socióloga Ángeles Durán5 durante el encuentro de mayo del CEALCI, el tiempo de las mujeres, tradicionalmente gratis y de vocación social y dedicado al cuidado de los menores y de los mayores, está hoy día al centro de los debates de política social. ¿Qué hacer con este tiempo y servicios? ¿Asumirlos por parte del estado? ¿Mercantilizarlos? ¿O trasladar los riesgos sociales a las familias? El riesgo es que las mujeres, presionadas por una definición patriarcal de roles sociales todavía vigente, tenderán a asumir un mayor peso. Si bien la mayoría de los expertos concuerda en que no existen soluciones únicas, la fórmula específica para cada realidad nacional requerirá encaminarse hacia sistemas que combinen diversas modalidades de financiamiento, además de buscar una complementariedad y corresponsabilidad entre instituciones públicas, privadas y las mismas familias. La recientemente aprobada Ley de Dependencia en España constituye un paso adelante positivo tanto en un reconocimiento explícito del Estado del valor social del tiempo de las mujeres, pero también una voluntad de apoyar a las familias. Por otra parte, y desde el ángulo de las oportunidades, como lo propone el bienestarista Gøsta Esping Andersen6 los incentivos de la incorporación femenina al trabajo formal remunerado y las transferencias a las familias a través de las mujeres son factores clave para generar del bienestar. Como se ha mencionado anteriormente, el trabajo femenino genera riqueza económica nacional, incrementa las tributaciones fiscales y a los sistemas de contribuciones laborales. Pero el empleo femenino tiene otro efecto positivo en la economía nacional, al fomentar la mercantilización de servicios tradicionalmente asumidos a través del tiempo no remunerado de las mujeres. La inserción de las mujeres en el mercado del trabajo ha impulsado la demanda y por lo tanto la oferta de estos servicios, tradicionalmente prestados gratuitamente en el ámbito de la familia, contra prestaciones monetarias. Una proporción del ingreso femenino se ve directamente reinvertida en la subcontratación de servicios para garantizar la solidaridad intergeneracional familiar (por ej.: el cuidado de los menores y de los ancianos). En este sentido, el sociólogo danés apuesta por el empoderamiento de las mujeres al haberse demostrado positivo tanto para la economía como para la garantía de prestación de servicios sociales. Se ha visto cómo, mediante la introducción del enfoque de género, y particularmente el estudio del uso del tiempo y del trabajo de las mujeres, en el análisis de la economía y de las políticas públicas de protección social, se puede enriquecer la comprensión de los retos que enfrentan los sistemas de bienestar, pero también coadyuvar a identificar oportunidades y soluciones para estos mismos retos. Por otra parte, apostar por estudios que no sean “gender blind7” nos permite comprender cómo tendencias y dinámicas observadas en el contexto europeo no pueden trasladarse automáticamente a la región de América Latina. Y consecuentemente, fórmulas exitosas en una realidad deben de ser adecuadas (hechas a la medida) a cada contexto nacional particular. En un estudio financiado por el Ce-ALCI 8, la socióloga Juliana Martínez-Franzoni señala que contrariamente a los países europeos, se puede observar que en América latina a mayor nivel de Producto Interno Bruto (PIB) por habitante, menor es la proporción de mujeres con empleo remunerado, exceptuando a Uruguay con altas tasas de trabajo femenino remunerado y Honduras con bajas tasas independientemente del rendimiento de la economía del país. En este caso la prosperidad económica funciona como un desincentivo al trabajo femenino. Existen varias hipótesis que nos pueden explicar esta situación tan diferente. En primer lugar, la región de América Latina cuenta con sistemas de protección social muy poco extendidos (exceptuando a Cuba) de manera que los riesgos sociales son en su gran mayoría soportados por las familias y no por el Estado. La CEPAL estima que sólo un 40% de los latinoamericanos tiene acceso a la seguridad social9. Consecuentemente y en la medida en que las familias logran alcanzar un nivel de ingresos suficiente para cubrir sus necesidades, las mujeres abandonan su actividad remunerada para suplir la falta de cobertura del sistema estatales de protección social. Nuevamente el criterio de género es clave en cuanto el empleo masculino no demuestra el mismo nivel de elasticidad. Otra hipótesis se relaciona con el alto grado de informalidad de los mercados de trabajo, que se elevaba a un 47% según la CEPAL a inicios de la década y que hace poco atractiva la actividad remunerada que tan sólo genera protección social estatal a una minoría de trabajadores. Este mismo organismo de las Naciones Unidas señala que sólo un 19% de las mujeres trabajadoras aporta al sistema de seguridad social contrastando con un 32% para los hombres. Adicionalmente, los empleos ocupados por mujeres se concentran en sectores mal remunerados y con un alto índice de precariedad laboral. Consecuentemente, para la mayoría de las mujeres, la actividad laboral resulta poco atractiva, una respuesta a una situación económica precaria de la familia. Al mejorar la situación económica, las mujeres tienden a retirarse del mercado de trabajo. Este breve recorrido por los caminos de los retos y de las oportunidades de los sistemas de bienestar y del trabajo de las mujeres, nos recuerda el interés de dar visibilidad y de profundizar en el análisis de las dinámicas entre sistemas de protección estatales, empleo, rendimiento económico y solidaridades familiares, prestando al empleo y uso del tiempo femenino. Algunos elementos extraídos de la reflexión apoyada por el CeALCI nos han permitido reconocer la importancia de políticas públicas que favorezcan un empleo femenino de calidad y el reconocimiento del capital social generado por las familias que complementan la labor de las instituciones públicas. |
1 Polo socioeconómico de la Alianza para un Mundo Responsable y Solidario. Cécile Sabourin. UQAT, Université du Québec. Montreal, Julio 2000. 3 Tendencias Mundiales del Empleo. OIT- Oficina Internacional del Trabajo. Ginebra, Suiza, enero 2004. 4 http://www.fundacioncarolina.es/ |
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