Organizaciones Cooperativas

 

volver al sumario

La igualdad está reconocida en las leyes, igualdad formal, con ello parte de la población entiende que ésta ya se ha conseguido

hombres y mujeres no parten de una misma situación en los distintos ámbitos

seguimos estando dentro del capítulo de los colectivos que aspiran a tener derechos, cuando somos el 54% de la población

Políticas de Género para la Igualdad

Teresa Páez, Presidenta de AMECOOP- Andalucía y Vicepresidenta de FAECTA

Hostilidad con la Igualdad

Cuando hablamos de “Políticas de Género” o de Género en distintos foros, ya sea coloquial o formalmente, tengo la impresión de que se utilizan las mismas palabras para decir cosas distintas (ejemplo: género, políticas de género, acciones positivas, discriminación positiva, empoderamiento…) lo cual no deja de ser un obstáculo para el entendimiento en una cuestión que genera discusión y debates apasionados, pues todas y todos nos sentimos afectados desde nuestra experiencia.

Se podría decir que, cada vez que alguien (normalmente una mujer) habla de cuestiones relacionadas con las desigualdades de género, quienes escuchan, piensan que eso es cuestión de mujeres y de unas más que de otras.

También se podría decir que cada vez que, ante una idea o una expresión poco afortunada, alguien (casi siempre una mujer) intenta colocarlo en el espacio de la igualdad o de la equidad, eso nos incomoda e incluso tachamos a quien lo hace de radical.

Y he empezado este escrito desde situaciones cotidianas y reales que nos pueden parecer baladíes, pero, por supuesto, que no lo son, porque es en la cotidianidad dónde más se producen posturas, hechos, posicionamientos o expresiones que siendo a veces muy sutiles y otras muy groseras, nos van alejando de la anhelada igualdad entre hombres y mujeres, quedándonos en meros espectadores o espectadoras de la injusticia social que conlleva cualquier situación hostil con la igualdad. Y en cuestiones de Género nada es neutro ni siquiera la inhibición de hombres o mujeres.

Posiciones en este tema, tanto en el ámbito privado como en el público, es hacer una determinada política.

Pero empecemos por las políticas públicas o institucionales. La Igualdad está reconocida en las leyes, igualdad formal, con ello parte de la población entiende que ésta ya se ha conseguido; pero lo cierto es que estamos muy lejos aún de conseguir la igualdad real. Las desigualdades son ahora más sutiles y por tanto más difíciles de reconocerlas. Con ello no estoy negando los avances producidos en el último siglo. Es imprescindible hacer un reconocimiento a las mujeres que nos precedieron y que con su lucha (muchas lo pagaron muy caro) fueron abriéndonos camino. De alguna u otra manera todas las mujeres, feministas o no, somos herederas de algo de estas mujeres.

Hablar de Políticas de Género es hablar de IGUALDAD. “La igualdad es el mayor motor de cambio de cualquier sociedad y tiene implicaciones, como dice Celia Amorós, en todos los niveles de la existencia humana: en el económico, político, cultural y en el de las organizaciones simbólicas”.

Hablar de IGUALDAD es hablar del principio IGUALDAD DE OPORTUNIDADES. Es un principio exigido en todas las políticas de actuaciones de la Unión Europea y todas las políticas que se pongan en marcha deben respetarlo y promoverlo. La igualdad de Oportunidades:

  • Es una cuestión de justicia social.
  • Contribuye al desarrollo democrático de las sociedades.
  • Debe considerarse como un criterio de eficacia económica de la sociedad en su conjunto.

Por ello tanto a nivel europeo como nacional o autonómico se están llevando a cabo políticas de género.

Desde Europa se está desarrollando el V Programa de Acción Comunitaria (2001-2006) de donde derivan los distintos Planes de Igualdad o de Acción en las políticas nacionales o autonómicas.

Dicho programa propone Áreas de actuación DUAL:

  • Acciones específicas dirigidas a mujeres.
  • Políticas integradoras de la igualdad de manera transversal (mainstreaming de género o enfoque integrado de género).

Con respecto a las acciones específicas o también llamadas acciones positivas, junto a la discriminación positiva o a la paridad, medidas que tienen sus detractores y detractoras, opino que actualmente son necesarias, pues hombres y mujeres no parten de una misma situación en los distintos ámbitos. Cuando eso ocurra ni las acciones positivas ni la paridad ni los programas de igualdad de oportunidades, tendrán sentido. Ojalá eso ocurra pronto.

En cuanto a las políticas de enfoque integrado de género, me parece una herramienta de avance hacia la igualdad, la transversalidad y el empoderamiento de las mujeres, siempre y cuando se den estas condiciones:

1. que sea planificado y aplicado por personas expertas en igualdad o en políticas de género.

2. que se salgan de lo políticamente correcto, en el sentido de incluir el género o el enfoque de género como una coletilla vacía de contenido porque eso ahora “vende”.

3. su aplicación tiene que ser desde el convencimiento interno y político. Para aplicarlo hay que creérselo y para creérselo hay que visualizar nuestros propios procesos de socialización en los cuales, sin duda alguna, encontraremos desigualdades y estereotipos.

4. tener una predisposición activa, tanto hombres como mujeres, para “deconstruir o desaprender” conductas androcéntricas, roles, estereotipos...

5. contar con un presupuesto económico para su desarrollo, pues pensar en políticas de género sin recursos económicos es una falacia.

En la Economía Social, hemos avanzado pero aún nos queda por hacer: necesitamos tener los datos desagregados de nuestras empresas en todas las situaciones cuantificables, ya que ello es necesario para conocer y actuar; desarrollar nuestras políticas desde las transversalidad de género de forma sistemática y planificada; tomar conciencia de que la igualdad no es cuestión de mujeres; la representación femenina en los órganos de decisión e información; tener en nuestras organizaciones personas expertas en Género; trabajar por nuestra participación en el Consejo Andaluz de la Mujer. Considero que el marco de la E.Social es ideal por su genuina filosofía para avanzar de verdad en el desarrollo de la Igualdad.

Desde las “políticas” que cada cual hacemos con nuestras actuaciones e insistiendo que nada es neutro, las mujeres necesitamos ser conscientes de que si no hay avance, nos estancamos, se retrocede; que como instrumento, no solo tenemos las leyes sino la creación de “ciudadanías activas femeninas”. Que tenemos retos de método, de lenguaje y de ganar influencia, es decir, alterar la organización donde me encuentro. Que seguimos estando dentro del capítulo de los colectivos que aspiran a tener derechos, cuando no somos un colectivo, somos el 54% de la población. Desembarazarnos del comportamiento cautivo. Que dar valor a algo no es sólo enunciarlo, sino que el interlocutor lo toma como propio. Descubrir que el poder no se comparte sino que se conquista a través de competencias. Aprender a capitalizar nuestra infl uencia. Y por último, cambiar de nuestro discurso la queja por las competencias, ventajas...

Los hombres: ser conscientes de que desconoce el cuidado, la corresponsabilidad, aunque si conoce la ayuda. Lo importante de trabajar la construcción afectivo-social. Las medidas de conciliación de la vida laboral y familiar son también para vosotros. Trabajar desde la perspectiva de género da ventajas a medio plazo, desde el punto de vista organizativo, económico, social y personal.

Y como no, dentro de cualquier política de género el uso de un lenguaje adecuado, donde a la mujer se le visualice, se le reconozca y valore como persona independientemente del sexo.

Termino enfatizando que lo importante de las políticas de género es favorecer el empoderamiento de las mujeres y tal como nos dice la antropóloga feminista Marcela Lagarde, “… Llamamos empoderarse al proceso de transformación mediante el cual cualquier mujer, poco a poco y en ocasiones a grandes pasos, deja de ser objeto de la historia, la política y la cultura, deja de ser objeto de los otros, es decir, deja de ser-para otros y se convierte en sujeta de la propia vida, en ser para sí-misma, en protagonista de la historia, de la cultura, la política y la vida social,(...)

sumario