Experiencias

 

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A partir de ese momento empezamos a sentirnos como en nuestra casa

Es dificil para mi poder describir las cartas de estas mujeres tan jóvenes

En Guatemala no tiene desperdicio ni un solo rincón

Aprendieron todas juntas el Idioma y asi intercambiar sus experiencias

En un rincón de mi memoria os tengo a cadad una de vosotras

Mujeres cooperativistas indígenas en Guatemala

Mª Carmen Martín
Presidenta de AMECOOP

Creo que bien merece la pena dejar constancia de lo que creo que es justo, y es rendir un homenaje a las mujeres indígenas de Guatemala a través de "Cuadernos de Mujer y Cooperativismo" pienso que es el mejor espacio para hacerlo. Así lo vi y así lo sentí.

Llegamos a Quetzaltenango, mi compañera y yo el día 25 de junio de 2004, nos dirigimos a la Federación de Cooperativas de Producción y Artesanales (ARTEXCO R.L.). Nos esperaban los dirigentes de la organización imaginando a dos mujeres ejecutivas o yo que sé, en todo caso, a dos personas un tanto raras y serias y nada más lejos de la realidad y de nuestra forma de ser. Había una pancarta en la puerta dando la bienvenida a las mujeres de AMECOOP españolas.

Esta Federación de Cooperativas además de aglutinar a las cooperativas artesanales de la zona, se dedica a fabricar tejidos y a dar tinte a éstos de manera muy artesanal siendo de gran calidad ya que habían conseguido la ISO 9000 y lo exportaban por Europa.

Pasamos a visitar esta fábrica y me fui entusiasmando viendo como conseguían esos colores tan bonitos y después como lo tejían pues había rollos de telas preciosos que yo me hubiera comprado todos, dado que soy una gran aficionada a las telas de todos los tipos y colores posibles. Así fue como poco a poco fuimos rompiendo el hielo del primer contacto y a partir de ese momento empezamos a sentirnos como en nuestra casa.

La razón de nuestra visita a este lugar, era la de supervisar el final de un proyecto dirigido a las mujeres indígenas de la zona, desarrollado por AMECOOP junto con ACI Ameritas, institución colaboradora de nuestra asociación en diferentes proyectos, todos ellos dirigidos a mujeres de Latino América, y con la cofinanciación de la Dirección General de Inmigración, Cooperación al Desarrollo y Voluntariado de la Comunidad de Madrid en diferentes proyectos, todos ellos dirigidos a mujeres de Latino América. En esta ocasión, había tocado a Guatemala a cuatro grupos diferentes de mujeres. CANTEL Quetzaltenango, Todos Santos, San Pedro y San Antonio Palopó. Cada grupo muy diferente entre sí lo que hacía un tanto complejo el proyecto, pero a la vez interesante.

El título de éste era "Proyecto de desarrollo generación de alternativas económicas para las mujeres indígenas a partir del fortalecimiento cooperativos artesanal" realizado por Artexco. En la tarde de ese primer día tuvimos nuestro primer contacto con las mujeres. Fuimos a visitar la cooperativa de CANTEL pues era la que teníamos más cerca de donde nos encontrábamos.

Cuando llegamos allí, había unas quince mujeres más o menos, muy jóvenes, no tenían más de 16,18 años; cada una sentada en una máquina de coser, casi sin luz, y se afanaban en aprender a confeccionar prendas (creo recordar que eran camisas) para luego poder vender e intentar exportar, creo que a Holanda pues había una organización de ese país que intentaba dar salida a todas estas prendas. Algo lejano aún, pues como he dicho antes empezaban a aprender dicha confección.

Enseñaban dos mujeres de la cooperativa de más edad, una de ellas iba cortando los patrones de las prendas casi de uno en uno pues lo hacía con unas simples tijeras y también casi sin luz, lo que me llamaba la atención, pues las máquinas eran eléctricas. Eso me dejó un tanto preocupada, pues pensaba en la visión que tendrían en un futuro.

Es difícil para mí poder describir las caras de estas mujeres tan jóvenes. Aún las tengo en mi mente, eran alegres, risueñas, curiosas, tímidas a la vez, en realidad, las sentí entrañables.

Dos de estas mujeres más jóvenes nos llevaron a visitar una tienda de comestibles que habían podido poner a consecuencia del proyecto, era humilde pero estaban muy ilusionadas con ella, pues las iba a servir para sentir que hacían algo más que coser y a la vez sentir que era algo que hacían solas, era su proyecto empresarial.

El segundo, día 26 de junio, tuvimos que levantarnos a las cuatro y media de la mañana. No llegaba a comprender tal madrugón, parecía que el viaje iba a ser largo nada más, y un poco pesado, pues íbamos a ir a Todos Santos a visitar a las mujeres de allí y a su cooperativa.

Mi sorpresa fue cuando comenzamos a viajar subiendo y bajando montañas por unas carreteras muy estrechas, pero eso sí, con unos paisajes maravillosos difíciles de describir, con algún vértigo por la altura.

Cuando llegamos a la cima de una montaña, nos decían los compañeros ¿veis aquella otra montaña?, segunda, tercera, pues ahí es donde está situado el pueblo de Todos Santos. Vuelta a bajar la montaña, vuelta a subir otra montaña, hasta que por fin pudimos llegar. Nos estaban esperando un gran número de mujeres indígenas con todos sus hijos pequeños; ataviados todos iguales, con ropas de un gran colorido, ellos con pantalones rallados rojos, azules, verdes, etc., con chalecos y sombreros. Ellas, con faldas y blusas de iguales colores, muy vivos. Pero lo que más me llamó la atenciones que todos los lugareños vestían así y de manera habitual.

Nos enseñaron la cooperativa, que se dedica a la artesanía. Tejen hilos y con punto "Croché" realizan bolsos, cinturones, chalecos, también confeccionan las faldas y pantalones que ellos mismos usaban, compramos algunas cosas de recuerdo y nos llevaron a una especie de salón que estaba encima de la tienda, una vez situados todos y por supuesto con los niños y niñas pegados o encima de sus madres nos fueron saludando una por una dándonos la bienvenida, hacían el enorme esfuerzo de comunicarse con nosotras en español, que habían aprendido en los talleres del proyecto en cuestión; pasando de hablar solo entre ellas con su dialecto a poderse comunicar con nosotras, se sentían orgullosas y felices y así nos lo hacían sentir a nosotras también.

Las edades de estas mujeres eran muy diferentes pues las había mayores quizás de 60 años y otras no llegaban a 25, 30, quizás menos. Sus miradas observadoras y profundas que yo intentaba traspasar con las mías me transmitían sabiduría, bondad, curiosidad. Aún las tengo en mi memoria.

Estas mujeres también habían realizado cursos para la fabricación de pan y con un horno que acababan de instalar iban a ampliar sus actividades comerciales, además de lo que ya hacían.

Al día siguiente domingo 27 de junio. Salimos para San Pedro, un viaje largo pero no tan peligroso como el del día anterior y no menos apasionante.

Recuerdo un día de sol y muy luminoso. Yo con los ojos muy abiertos paro perder detalle del paisaje, en Guatemala no tiene desperdicio ni un solo rincón.

En San Pedro las mujeres las encontramos en casa de una de ellas, igual que en Todos Santos, nos fueron saludando cada una con un pequeño discurso. Su español era fluido y tenían las ideas bastante claras en todo lo que hacían o pretendían hacer. Pertenecían a una cooperativa mixta de hombres y mujeres y las que habían realizado los talleres se iban a dedicar a la crianza de pollos de engorde y a la realización de pan. Todas querían enseñarnos sus pollitos, y como los iban criando para luego llevarlos al mercado. Cada una empezaba con cincuenta pollitos de un día, éstos tenían que tener un espacio concreto, como un chamizo forrado de cartón por el frío, luz y serrín, todo muy limpio. En los dos primeros meses se les tenía que poner una vacuna para evitar que les de una enfermedad. También les daban calcio, etc. Cuando los pollitos crecían, les pasarían a otro habitáculo más espacioso y hasta que salieran para el mercado, o sea, que el negocio lo tenían cada una en su casa, pero la comercialización la llevarían en conjunto.

Y en cuanto a la comercialización del pan lo harían todas juntas.Fuimos visitando durante la mañana cada una de las casas y cada una de las pequeñas granjas que habían montado. Alguna de ellas ya había aumentado los pollitos y tenía más de cincuenta, nos los enseñaban con toda su ilusión y orgullo. Estas mujeres tenían algún problema en su cooperativa a la que pertenecían y como pasa en todos lados, al principio había personas que no quisieron hacer los talleres porque no creían en el proyecto, dijeron yo paso no creo en esto. Pero cuando fueron viendo los resultados y no poderse enganchar a él fueron empezando los problemas entre unos y otros, etc.Espero que ya lo hayan arreglado. A estas mujeres las sentí muy cercanas a mi en su lucha, pues estaban exigiendo sus derechos y a ocupar el espacio que las correspondía en su cooperativa por ser personas y no estar discriminadas por ser mujeres, al parecer les estaba resultando muy difícil el conseguirlo aunque tenían un gran tesón y una gran fuerza y no iban a decaer al estar todas tan unidas. Alguna de ellas eran unas buenas líderes. ¡Ánimo desde este espacio!, estoy segura de que lo vais a conseguir y vuestros compañeros comprenderán que a las mujeres lo que nos gusta es sumar y no quitarles los puestos que ellos tienen ni tan siquiera hacerlo como ellos lo hacen.

El lunes 28 de junio en Artexco la Federación de cooperativas en unas aulas donde se habían realizado los talleres íbamos a tener un encuentro todos/as juntos/as los responsables del proyecto, monitores/as, las mujeres de los cuatro grupos, la coordinadora del proyecto que venía de la oficina de ACI de Costa Rica, y , por supuesto, nosotras. ¡Impresionante! Nosotras a las nueve de la mañana estábamos allí como clavos y pudimos comprobar como iban llegando los grupos desde sus lugares de origen, lo que significaba que si nosotras habíamos tenido que salir a las cuatro y media de la mañana para ir a sus lugares a visitarlas y llegábamos a las 11 o 12 de la mañana, ellas tendrían que haber salido a las dos para poder estar como estaban llegando a las nueve.

Sus medios de transporte eran camiones y camionetas con el techo descubierto y las temperaturas bajas. Lo más sorprendente era que iban llegando con sus niños/as a cuestas, no podía creer lo que estaba viendo, sin embargo era lo que habían estado haciendo mientras todo el tiempo que duraron los proyectos.

Uno de los objetivos era conseguir que los grupos se conocieran entre sí y pusieran en común sus necesidades, problemas, aprendieron todas juntas el idioma y así intercambiar sus experiencias, pues en cada grupo se hablaba un dialecto diferente.

La siguiente sorpresa, fue comprobar efectivamente que cuando se encontraban unas con otras se daban grandes abrazos, lo que significaba que se habían hecho grandes amigas y que ya el idioma las unía más que las separaba.

Comenzó la jornada, se dio la enhorabuena a todos y a todas para después ir presentando todo lo que habían estado trabajando en los talleres. Salían de dos en dos a exponer en la pizarra lo que era sexo-género, lo que significa las relaciones genéricas e interculturales, superación de las desigualdades, otras nos explicaban sobre los Derechos Humanos y Ciudadanía, Derecho a la seguridad, a la igualdad, a la libertad. Derechos civiles, derechos políticos, derechos de los pueblos, Derecho a la salud, educación, trabajo, etc., etc., etc.

Otras nos expusieron sobre la gestión empresarial y cooperativa. Sobre los Principios y Valores Cooperativos. Cómo realizaron la alfabetización, cómo aprendían el idioma.Cómo algunas habían aprendido a poner su nombre y salían a la pizarra a saludarnos y firmar.Simularon lo que era un negocio con el ejemplo de la crianza de los pollos que después llevarían a vender al mercado. Se iban poniendo los costes de la crianza del pollito en cuestión, una vez comprobado los costes y listos los pollos los pondrían en el mercado a un precio por lo que los beneficios serían suficientes. También calculó lo que se podría perder si se moría algún pollito, en fin, una clase empresarial sencilla pero interesante, toda una planificación económica y financiera de su idea, de su ilusión, de su negocio.

Una vez mostrado a todos/as esta parte primera, tuvimos otra más folclórica pues cada grupo nos mostraba sus bailes. Cantaron y una compañera de San Pedro nos recitó una poesía que dedicó a todas las mujeres españolas y que ella misma realizó. La emoción iba en aumento cada minuto que pasaba y el día era bonito. Nos sentíamos todas muy a gusto y se notaba en el ambiente.Comimos todas juntas, nos hicimos fotos, intercambiamos direcciones, tarjetas, etc.

Hay un grupo de mujeres al que no he mencionado aún, pero es que hasta este día no las había visto, no las pudimos conocer antes porque eran las que más lejos vivían, eran las mujeres de San Antonio Palopó, población situada en las orillas de gran y mágico lago Atitlan. A media mañana y ya con el taller avanzado fueron apareciendo unas veinte o veinticinco, ataviadas con sus ropas tradicionales con unos tocados en la cabeza para mí muy laboriosos y bonitos y, según entraban en silencio, se fueron sentando en sus lugares. Los niños que llevaban también lo hacían, con sus caritas de asombro al ver a tantas personas que no eran las que ellos estaban acostumbrados a ver.

Nos dirigieron unas palabras de agradecimiento y nos demostraron como habían aprendido a escribir y hablar en español.

Al final de la mañana seríamos unas cien personas, casi todas mujeres, los hombres serían cuatro o cinco no más y los niños y niñas que correteaban por el lugar y jugando todos mezclados aunque su idioma era diferente.

Había madres que aprovechando el día tan bueno que hacía y la fuente que había en el patio bañaron a sus hijos, me sorprendían pues también lavaron sus ropas. El día se me hizo muy corto pero fue intenso, fueron muchas las emociones. Todas las mujeres se querían hacer fotos con nosotras. Se las veía a todas muy contentas y al menos a mi me hacían sentirme muy bien.

A los dos días después, al fin podemos ir a San Antonio Palopo a visitar a las que nos faltaba. Visitamos la cooperativa que era también de artesanía. Estaba situada detrás del lago que tuvimos que sortear para llegar, pero como el paisaje no tenía desperdicio se nos hacían los viajes preciosos y muy cortos.

De la misma forma en que habían llegado al taller de la Federación, así lo fueron haciendo, en silencio y de una en una nos dieron las gracias por haber ido a visitarlas tan lejos, todo fueron parabienes.

Nos obsequiaron con todos los aderezos para adornar nuestras cabezas que así hicieron y fuimos todo el día con ello puesto. Nos hicieron sentirnos como parte integrante de su grupo, en definitiva nos querían. A nosotras nos pasaba lo mismo.

Y desde aquí os damos las gracias.

No mencioné ningún nombre porque no quería dejarme a ninguna sin hacerlo ya que erais muchas, pero lo que sí os digo es que en un rincón de mi memoria os tengo a cada una de vosotras y todo lo que me habéis transmitido.

Con vuestras miradas, vuestras palabras, vuestros hechos, vuestro cariño. Gracias a todas, gracias también a los/as monitores/as por conseguir que estas mujeres no se sientan solas, que la distancia no hace el olvido y que esperamos podernos volver a ver.

Gracias a Artexco por su colaboración y conseguir que esto sea posible. Y a ACI Costa Rica por permitirnos colaborar con todos/as.

Madrid, Noviembre de 2004

 

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